Mientras caminábamos hacia vaya uno a saber donde, me encontraba consumida por mis propios pensamientos. Intentaba recordar... como era la vida sin ti. Por mucho que tratara se me hacía imposible.
Ya llevaba demasiado tiempo callada y me pareció el momento oportuno para preguntártelo. Moví un poco mi cabeza para poder mirarte, pero estabas tan perdida en ti misma como yo. Sonreí, pero me contestaste con una mirada triste y vacía. Como todas las tuyas. Tus ojos no reflejaban ni una gota de felicidad, aunque no recordaba haberte visto realmente feliz en ningún momento.
-Eras feliz... Antes de conocerme?- balbuceé torpemente. No era exactamente eso lo que quería saber, pero era mejor que nada. Apartaste la mirada y me dio la sensación de que analizabas mi pregunta intentando dar una respuesta coherente.
Una fría ráfaga de viento nos atravesó y por un momento tuve la sensación de que era real.
-¿Antes de conocerte?- Repetiste más para ti misma que para mi. -No existe un 'antes de conocerte'.
Mi corazón se aceleró un poco ante esa respuesta. Otra ráfaga. Esta vez más fría. Subí cuidadosamente el cierre de mi campera y metí mis manos en los bolsillos, sin aminorar el paso. Los árboles se movían torpemente a causa del viento y las luces de las calles no eran lo suficientemente potentes como para alumbrar nuestro camino. -No entiendo a que te refieres-
-No hace falta que lo hagas...- Dijiste antes de cerrar los ojos y suspirar pesadamente. Me impresiona la habilidad que tienes para guardarte las cosas. Me volteé y abrí la boca para seguir interrogándote cuando noté que tu atención estaba centrada en otra cosa. Algo más allá de nuestro camino. Alguien, para ser más específicos.
-No hace falta que lo hagas...- Dijiste antes de cerrar los ojos y suspirar pesadamente. Me impresiona la habilidad que tienes para guardarte las cosas. Me volteé y abrí la boca para seguir interrogándote cuando noté que tu atención estaba centrada en otra cosa. Algo más allá de nuestro camino. Alguien, para ser más específicos.
Si había algo que detestaba en él, era su capacidad innata de llegar cuando menos lo -quieres- esperas. Te tomé del brazo e hice un intento por cambiar la dirección de nuestro camino. Ni siquiera te tomaste el tiempo de dedicarme una mirada ya que seguías observando a aquel despreciable ser. No lograba entender qué había en él que te atraía tanto. -Se está haciendo tarde, Emma.- dije intentando sacarte de ese trance.
Nada. Absolutamente nada recibí de tu parte. -Emma... Por favor. Te necesito conmigo- te repetí casi suplicando, aunque era inútil. Tu vacía mirada se llenaba de sadismo. Esbozaste una sonrisa un tanto siniestra y tus manos dejaron de parecer humanas. ¿Alguna vez lo habían sido?
-Siempre estaré contigo, cariño.- Dijiste con una voz que no parecía la tuya, pero que sin duda lo era. Mismo demonio, mismo trágico final. Apreté tu brazo un poco más, tal vez eso te detendría. Algo cambiaba en el aire. Aún estando en una calle abierta me sentía atrapada. No había lugar donde esconderse, no había donde escapar y aún si lo hubiera, tú no querrías venir conmigo y si no iba contigo, no iría con nadie. Prefería morir antes que separarme de ti y tampoco es que tuviera demasiada opción. Te quería, te necesitaba y por sobre todo dependía de ti.
-Siempre estaré contigo, cariño.- Dijiste con una voz que no parecía la tuya, pero que sin duda lo era. Mismo demonio, mismo trágico final. Apreté tu brazo un poco más, tal vez eso te detendría. Algo cambiaba en el aire. Aún estando en una calle abierta me sentía atrapada. No había lugar donde esconderse, no había donde escapar y aún si lo hubiera, tú no querrías venir conmigo y si no iba contigo, no iría con nadie. Prefería morir antes que separarme de ti y tampoco es que tuviera demasiada opción. Te quería, te necesitaba y por sobre todo dependía de ti.
-No podría soportarlo otra vez- dije al borde del llanto; y no mentía. Sabía que no iba a resistir otra batalla como esa. Ni con él, ni con nadie.
-¿Qué cosa? ¿El placer? ¿La diversión? ¿El encanto?- dijiste antes de soltarme una risa un tanto irónica y cruel. Mira lo rápido que te cambia un demonio como ese. Otra fría ráfaga de viento. Estaba claro que él se estaba acercando.
-La culpa.- Sentencié reprimiendo las lágrimas. ¿Es que no te dabas cuenta? Esto solo era el comienzo de algo mucho más atroz. Una media sonrisa se dibujó en tu rostro.
-La culpa.- Sentencié reprimiendo las lágrimas. ¿Es que no te dabas cuenta? Esto solo era el comienzo de algo mucho más atroz. Una media sonrisa se dibujó en tu rostro.
Para cuando quise darme cuenta él ya estaba frente a nosotras. Una máscara blanca tapaba su rostro, pero sabía perfectamente que era él, era imposible confundirlo. Hizo una reverencia hacia ti y tomó tu mano para besarla. No era la primera vez y probablemente tampoco la última que sus labios tocaban tu piel, pero seguía generandome el mismo desagrado. Le dedicaste una mirada desafiante y provocadora. ¿Era todo esto necesario?
-Tanto tiempo, querida.- dijo con elegancia y franqueza. Él extendió una rosa negra, de esas que siempre te regalaba. La tomaste suavemente, rozando su mano.
-Tanto tiempo, querida.- dijo con elegancia y franqueza. Él extendió una rosa negra, de esas que siempre te regalaba. La tomaste suavemente, rozando su mano.
-Tan encantador como siempre.- Dijiste con un toque de incitación en tus palabras. Le dedicaste otra sonrisa arrogante mostrándole tus colmillos y desenfundaste aquel cuchillo que sabías usar a la perfección. Te mordiste el labio y dejaste escapar una pequeña y corta risa divertida. La sangre corría más rápido por tus venas pero tus latidos se mantenían estables, podía sentirlo. Era increíble que aún sabiendo lo que estaba a punto de pasar no te inmutaras en lo más mínimo. Yo, en cambio estaba temblando, pero nadie parecía notarlo. Volví a tomar tu brazo, pero lo apartaste bruscamente sin quitar la mirada de tu presa. Sin otra escapatoria, comencé a caminar hacia atrás lentamente. No quería ver, pero no tenía demasiadas opciones.
Suspiré nerviosamente y fue allí cuando te lanzaste sobre él, hundiendo aquél puñal en su pecho. Él emitió un grito y la sangre comenzó a fluír de la herida. -Emma, ¡basta!- te grité a punto de perder la cordura. Pasaste suavemente un dedo por aquella herida y presionaste, solo para verlo sufrir. Yo sabía que por mucho que intentara, no había nada que pudiera hacer para detenerte.
-Sigues siendo una delicia, cariño- le dijiste mientras lamias tu dedo. Acto seguido, lo besaste. Él intentó aferrarse a ti, haciendo que el mismo puñal se hundiera aún más. -No, no, no, que nadie quiere verte morir.- le dijiste sonriente. Le quitaste la máscara y acariciaste su cabello.
-Si para permanecer a tu lado debo morir, lo haré con gusto.- Dijo mientras te tomaba por la cintura. ¿Es que yo no tenía opinión sobre esto? ¿No importaba lo que yo pensara?
-Oh, lo harás- Soltaste una risa histérica y tomaste la empuñadura para abrir su pecho. Sin ninguna delicadeza, tomaste su corazón, que aún palpitaba. Besaste sus labios una vez más. Volvería, eso era seguro, pero esta vez pensabas llevarte un recuerdo contigo. -Ya sabes, para la colección- Él te dedicó una sonrisa triste antes de desplomarse contra el suelo.
-Eres un ser despreciable.- te dije con asco.
-Aún así, me sigues necesitando.-

No hay comentarios:
Publicar un comentario