martes, 1 de mayo de 2012




Sabía perfectamente que se me estaba haciendo tarde, pero aún así no apuraba el paso. El vestido negro ondeaba a medida que caminaba al igual que mi cabello. Saqué el celular de mi bolso por tercera vez y confirmé el pensamiento anterior. Ya era tarde. Decidí tomar un atajo para acortar camino, aún sabiendo que no iba a llegar a tiempo. Atravesé un oscuro y vacío callejón mientras escuchaba repiquetear mis tacos sobre las baldosas. Nadie a la vista, para mi suerte. Seguí caminando, sin preocuparme demasiado por ello. 

Quince minutos más tarde, allí estaba. Frente a la gran puerta del que había sido, desde sus inicios, nuestro escondite. Algo me decía que no debía entrar, lo pedía a gritos. Pero eso no me iba a frenar.

Acerqué mi mano al picaporte y cerré los ojos un momento, repasando el precio que esto podría tener.

-Al fin decides hacer presencia, cariño.- me dijo una voz más que familiar. Ya era demasiado tarde para arrepentirse. Me permití solo un momento para observar con detalle, aquellos ojos que me conocía de memoria. Sonreí levemente tratando de ocultar mi nerviosismo. Nunca había tenido problemas para hacerlo.

-No estaba segura de venir.- Dije francamente- a Guada no le gusta... esto.

-Y aún así, estás aquí.- Dijo con una gran sonrisa en su rostro, demostrando lo complacido que estaba. Se inclinó un poco para tomar mi mano y besarla. -Me alegro. En serio.

Me encogí de hombros y aparté mi vista de él para observar el interior de la habitación. Todo estaba perfectamente decorado para la ocasión. Una mesa con un delicado mantel negro de seda, con un decorado centro de mesa a juego. Un antiguo candelabro, iluminando el salón. Todas las ventanas estaban tapadas por las cortinas, dándole un aire un tanto lúgubre a este lugar, y logrando a la perfección que me sintiera más cómoda.

-¿Qué has hecho?- Dije un tanto sorprendida - Me gusta.

-Es lo mínimo que podía hacer por ti, querida. -Dijo con cierto aire de galantería. Le dediqué una mirada seria, que él respondió con una imponente sonrisa. Se acercó lentamente y tomó una de mis manos mientras dejaba su otra mano posada en mi cintura. -¿Bailas?

-No...- Dije sonriendo, ya que sabía que no se rendiría con un simple 'no'.

-Es una lástima, porque yo sí.- Acto seguido, chasqueó los dedos y la música comenzó a sonar a nuestro alrededor. Me acercó un poco más a él y ahora su boca se encontraba a escasos centímetros de la mía.

-El baile jamás fue mi fuerte.- Solté como excusa.

-Y aquí estoy yo, para enseñarte, cariño.- Comenzó a moverse mientras yo seguía a duras penas sus pasos. Odiaba este tipo de cosas, pero siempre me había llamado la atención su gran habilidad para convencerme a probarlas. -Es cuestión de dejarse llevar. -susurró mirándome fijamente a los ojos.

Allí me frené en seco y me alejé de él. -¿Dejarse llevar? Oh, vamos. No me vengas con eso.- Mi repentino cambio solo logró hacerlo sonreír más. Le encantaba tener que esforzarse por conseguir lo que quería. - Al menos podrías fingir indignación... -Reí por mi propio comentario.

-Que hayas venido hasta aquí solo confirma mi pensamiento.

-¿Y ese cuál sería?- su misteriosa forma de decir las cosas solo lograba irritarme.

-Que me quieres.- dijo con descaro - y que quieres esto tanto como yo. - Me tomó por el brazo lo suficientemente fuerte como para que no pudiera zafarme y me besó. A pesar de la -casi nula- resistencia que había puesto, luego opté por seguir con su juego.

-¿Cuando no?- Dije una vez que estábamos separados.- Pero tú no me quieres para esto. -Sonrió en silencio centrando su atención en mis labios -Deja de mirarme así, imbécil.

-Se me hace difícil.- Dado a que no parecía interesado en hablar sobre sus verdaderas intenciones, me acerqué hacia la mesa para sentarme.-

-Morir... o no morir... ¿Cuál es el caso de siquiera intentarlo?- Dije a medida que apoyaba mis cosas y me sentaba con total delicadeza. -

-Somos demonios, Emma, nacimos para ser inmortales... pero con el pasar de los años eso ya no es suficiente. -dijo completamente serio.

-Y que lo digas... Esta vida entre mortales es un... asco.- Comprendía perfectamente a que se refería. Cuando lo tienes todo y no hay nada que te falte ¿Cuál es el sentido de seguir existiendo? Una eternidad atado a una vida como esta, miserable y vacía, sonaba más a una tortura que a una bendición a diferencia de lo que muchos piensan. - Pero no hay nada que pueda hacer al respecto.

-Sí que lo hay.- Dijo observándome fijamente.- A pesar de las limitaciones que tenemos... -Se refería a la incapacidad de suicidarnos. Un pequeño 'plus' que nos había sido entregado a todos los demonios de nuestra clase, previniendo posibles desastres. - Uno siempre puede morir en manos de otro.

Mi gesto cambió bastante ante su propuesta - Realmente... no hay nada que yo pueda hacer. -Él me miró con cierto aire de decepción - No sin ella.

-Yo podría hacerla desaparecer en cuestión de segundos.- Dijo con total confianza. -Sabes que lo haría.

-Y allí no sería lo suficientemente fuerte como para asesinarte, cariño.

Él comenzó a caminar por el salón, pareciendo que formulaba un plan para conseguir lo que deseaba. -¿Tu sabes lo importante que es esto para mi, no es así?- Resoplé con desaprobación. Odiaba ese tipo de manipulaciones. 

Me estás pidiendo algo que no puedo darte.- Dije frunciendo el ceño. -y tampoco tengo interés en conseguírtelo. No así.

-Pero Emma...

-Es una lástima tener que desperdiciar tanto potencial, querido. Podrías hacer cosas... grandiosas.- dije mientras imaginaba todas las posibilidades extasiada.

-Eso no es lo que me interesa. Nunca me interesó. Lo único que quiero es...

-Morir. Lo sé. Y te conozco lo suficiente como para saber que no desistirás ahora .

-¿Alguna vez lo hice?

{...}

No hay comentarios:

Publicar un comentario