{...}
Todos aquellos que la conocieran sabían que algo andaba mal. Era cuestión de mirarla un poco y la evidencia saltaba a la vista. Estaba perdiendo la vida consumida por algo que era mucho más fuerte que ella. Su cabello nunca había sido algo envidiable, pero ahora apenas se molestaba en arreglarlo. Sus ojos siempre habían tenido mucho para decir y ahora habían perdido el habla. Sus manos extraviaron la gracia de la que alguna vez fueron dotadas. En cuestión de semanas se había convertido en un fantasma vagando por un mundo al que no pertenecía. Se levantó de su cama para lavarse el rostro con agua fría y así poder borrar este melodramático estado de su cuerpo. Se sentía patética e imponente pero no era siquiera capaz de explicar por qué.
Emma sólo la observaba, ir y venir, analizando cada uno de sus movimientos pero sin soltar una sola palabra. El tiempo pasaba y ningún otro integrante de la casa parecía notar el cambio, cosa que reconfortaba un poco a la pequeña. Le daba miedo que llegaran a cuestionar su cambio de humor o peor aún, que preguntaran al respecto. Si llegasen a hacerlo no habría ninguna respuesta coherente que pudiera dar. No a ellos.
Todo su cuerpo se hacía cada vez más pesado, a pesar de las exageradas horas que pasaba durmiendo. Esperaba que en algún momento estas eternas horas de descanso sirvieran de algo, pero no hacían más que empeorar la situación. Todo lo que 'tenía que hacer' se convertía ahora en 'lo que debería haber hecho' y este apático estado se transformaba en frustración. Como no podía evitarse, Emma tuvo que hablar:
-Estás durmiendo demasiado. ¿Lo sabías?- Ésta se encontraba cómodamente sentada en una silla mecedora con los pies apoyados sobre el escritorio. Ni siquiera se tomó el trabajo de observarla para preguntarle. Lo soltó al aire sabiendo de que alguna manera, la pequeña lo oiría y no le quedaría más opción que hacerse cargo. Al no obtener respuesta luego de unos segundos, suspiró indignada. ¿Quién se creía para no contestarle a ella? Esta vez fue un poco más directa. Cambió su posición de manera tal que pudo observarla fijamente. Estaba dormida. Extendió su brazo y la movió un poco. Sabía perfectamente que no dormía bien y que el más simple movimiento haría que se despertara. -Estás durmiendo demasiado.- Sentenció esta vez con más seriedad.
La pequeña le dedicó una mirada un tanto confusa y extrañada. Apenas comprendía lo que Emma le decía pero una vez que logró entenderlo su mirada pasó a llenarse de pánico. Guada se incorporó de manera que pudiera quedar por encima de su intolerable compañera. -S...Sí.- Balbuceó torpemente. Se refregó los ojos y bostezó. -Puede ser.- Esta vez dirigió su mirada al suelo asustada de la posible reacción que pudiera recibir.
-Si sigues durmiendo así seré libre de hacer lo que quiera en la noche, querida. Ya no vas a poder impedírmelo.- Soltó burlona y arrogante. Le encantaba jugar con su mente y manipularla de esa forma. La pequeña apenas si le prestó atención y mantuvo su mirada fija en el suelo. -¿Me estás escuchando siquiera? -Preguntó ahora molesta.
-Está bien.... Por mi está bien.- Dijo completamente inexpresiva. La habitación adquirió un ambiente un tanto hostil y la frustración de Emma podía notarse a distancia. Frunció el ceño mientras se acomodaba el cabello. Luego sonrió, para retomar con su característica mirada analítica.
-¿A qué te refieres, idiota?- Se notaba que estaba haciendo un gran esfuerzo en vano para esconder lo mucho que le molestaba la indiferencia que recibía por parte de la pequeña. Guada se abrazó a si misma y frunció un poco la boca, como hacía cuando pensaba.
-Que quiero que tomes el control.- soltó pasivamente - Yo no sé que hacer... pero tú.... tú siempre tienes en claro lo que necesito. Aún si te equivocaras, sería mejor que no hacer nada. Estoy cansada de no hacer nada. - Las lágrimas comenzaron a inundar su rostro mientras que una leve sonrisa se dibujaba en el de su acompañante. - Sé que me vas a pedir que le diga que se marche... Sé que me va a costar... Pero estoy dispuesta a hacerte caso. Tal vez siempre debí haberte hecho caso. -Emma seguía sin contestar y eso ponía más nerviosa a esa pequeña insulsa que no lograba dar una respuesta coherente. -¿Podrías al menos dignarte a decirme algo?
Emma soltó una estruendosa risa un tanto histérica. Al cabo de unos minutos, seguía riéndose y se tomaba la panza con ambas manos. Las lágrimas comenzaban a brotar de sus ojos, pero por primera vez no eran por tristeza. Reía sin parar y Guada no lograba comprender qué demonios le pasaba. Sonrió levemente, contagiada por su compañera pero unos segundos más tarde prosiguió con su mirada seria. -¿No te das cuenta, no es así? ¿Ni siquiera lo sospechaste? - ella seguía sin entender. ¿De qué le estaba hablando? - Es increíble que haya gastado tanta saliva en ti, si al fin y al cabo nunca entendiste una sola palabra de todo lo que te dije. Noche tras noche, repitiéndote lo mismo... ¿Para qué? Para que entiendas todo como se te ocurra y yo siga aquí... -volvió a reír- Oh dios, es tan patético. -Negó con la cabeza mientras sonreía con arrogancia.
-¿Te estoy diciendo que puedes tomar el control, y eso es todo lo que recibo? Ahora que te doy el derecho de hacer de mi vida lo que gustes... ¿Tan sólo te ríes?- Ahora ya se estaba molestando. Luego de años había tenido un breve momento de coraje que desperdició dándole el control a alguien que, vista su reacción, no pensaba hacer nada al respecto.
-Lo único que quería era que fueras libre. Mientras tú seas libre, yo también puedo serlo, pero al estar atada a este terrenal y vacío mundo, yo también lo estoy. Una y otra vez te pedí que te liberaras de todo aquello que te mantiene presa. Que te liberaras de él, sobre todo... debí haber sospechado que no ibas a entenderlo. -hizo una pausa para negar una vez más con la cabeza.- Nunca lo entiendes. -suspiró- Nunca te pedí que lo sacaras de tu vida. No me interesa que tan cerca o lejos estuviera de ti, mientras tú seas capaz de decidirlo y no solo él. Supongo que es hora de despedirse, cariño.
Las dudas volvían a torturar la débil mente de la pequeña. La voz de Emma parecía hacer eco en su mente, repitiendo una y otra vez lo que había dicho. -¿Despedirse?
-Si ya no estás atada a nada, ni a nadie ¿Cuál es el sentido de mi existencia?- Sonrió con tristeza y por un segundo pareció que tenía la esperanza de que Guada tuviera una respuesta a su pregunta. - Quedarme, haría que seas dependiente de mi presencia. Estaría yendo en contra de todos mis principios. Estaría m...
-No.- dijo bruscamente interrumpiendo a Emma. - Si realmente tengo la posibilidad de elegir... yo QUIERO que se queden. Es lo que deseo, aún si te parece mal.
Emma sonrió complacida ante su trabajo. Le había tomado años lograr esto, lograr que ella, al menos una vez dijera lo que pensaba. Aún cuando pudiera estar... equivocándose. Sin vueltas, sin exageraciones -tal vez un par-, sin miedo. -Después dicen que yo soy la insolente.- Soltó riendo y se acercó para abrazarla. - Me parece bien. - Besó su frente con cariño, como lo haría una madre. -Cualquier cosa que eligieras me hubiera parecido bien, en realidad.
Guada mantuvo el abrazo un par de minutos, aferrándose a Emma con todas sus fuerzas. -¿Y ahora qué?- dijo volviendo al nerviosismo una vez que se habían separado - Es decir... ya sé lo que quiero... ya nada me lo impide... ¿qué sigue en la lista?
Emma sonrió, y le arregló un poco el cabello. - Deberías empezar por dejar de dormir... y luego... Dar tu mayor esfuerzo para que funcione.

No hay comentarios:
Publicar un comentario