En medio de una cálida noche de verano, James Ceylon, corría desesperado atravesando sin dudar los imponentes árboles de aquel majestuoso bosque. Jadeaba sin parar y el sudor caía por su frente produciendole cierto escalofrío cada tanto. Llevaba escapando al rededor de hora y media y no se había tomado el trabajo de mirar hacia atrás en todo su trayecto. No podía darse un lujo tan grande. Sabía perfectamente que al más mínimo error lo atraparían. Se sentía cada vez más desesperado pero el eco de sus pies golpeando la tierra parecía reconfortarlo de alguna manera. Por muy extraño que fuera.
Un cuervo lo observaba desde lo alto, en silencio, al acecho. El graznido de este animal produjo cierto desconcierto en aquel desafortunado hombre, haciendo que tropezara con una de las tantas rocas que había esparcidas por el suelo. Al caer, su brazo derecho golpeó estruendosamente contra una afilada piedra. La sangre comenzaba a brotar de la herida y él no tuvo tiempo siquiera de mirar como estaba. Se incorporó como pudo y continuó con su escape. ¿Qué más podía hacer?
Mientras lo hacía, se sostenía lo mejor que podía de cada rama y tronco que se le cruzara y hacía lo posible para que el dolor no interfiriera con su objetivo. El ser que lo perseguía reía a lo lejos, satisfecho. El miedo que James experimentaba en este momento no se podía comparar con nada que hubiera sentido antes. Bueno, no exactamente. Horas atrás, cuando todo esto había iniciado le había prometido a ella que todo estaría bien al final. Que nada iba a pasarle a ambos. El dolor y el peso de aquella promesa rota. Eso sí que no podía compararse con nada.
Su cabello, siempre arreglado y perfecto. Sus vivaces ojos que transmitían alegría a quien los observara. Sus labios que siempre portaban una sonrisa y algunas de sobra para regalar. Sus manos, delicadas y suaves como ningunas otras. Su esbelto cuerpo, que se movía con gracia y elegancia en toda ocasión. Su corazón que se aceleraba cada vez que él estaba cerca. La emoción que ponía para todos sus proyectos. La vida que corría por sus venas, joven y alocada, haciéndose paso ante la tristeza de las multitudes. Ella era la viva imagen de todo lo que él había querido en algún momento; pero ahora... no era más que un simple recuerdo. Desvaneciéndose a cada paso que daba. Extinguiendo la llama que alguna vez había logrado encender en él.
El ruido de una amenazante sierra eléctrica se escuchaba a pocos metros de él. Allí volvió en sí y recordó lo que estaba haciendo. Huir de su depredador, y buscar un refugio cuanto antes. Miró a su alrededor pero el lugar en el que se encontraba no le resultaba familiar para nada. Eso iba a dificultar su tarea. Se escondió como pudo detrás de unos arbustos y corrió un poco las hojas para poder ver. Sus jadeos podían oírse con facilidad pero hizo lo posible para ocultarlo. Sus manos temblaban y la sangre fluía cada vez a mayor velocidad por su cuerpo. Las lagrimas caían ahora por sus mejillas y empapaban su rostro.
-¿Dónde te escondes, James? No deberías hacerme esperar...- Dijo desafiante y hasta un tanto arrogante, aquel despreciable ser. Era alto, y bastante musculoso. Poseía unas grandes manos, con afiladas y sucias garras en cada dedo. Ambos brazos estaban completamente llenos de inscripciones y tatuajes escritos en idiomas que James no reconocía. Sus rojos y sádicos ojos parecían brillar en la oscuridad haciéndolo reconocible para quien se acercara; pero lo que más lo delataba eran sus grandes colmillos. Una sonrisa proveniente de él podía dejar helado a quien lo mirase. -No importa dónde te escondas... tendrás el mismo final que tu hermana. ¿Por qué no eres consciente de ello?
James se sentía impotente. Todo el miedo que había acumulado en su huida se transformaba, poco a poco y a causa de aquel despreciable ser, en furia y rabia. El cuervo volvió a graznar. El joven pegó otro pequeño pero decisivo salto. El asesino a sangre fría se volteaba ahora en dirección a él. -Uno... Dos... Tres... sal de donde quiera que estés!- se acercó, a pasos lentos y cortos, tratando de asustar a su presa. -Cuando todo esto termine, no vas a ser más que la victima número ciento ochenta y tres. Nada más que un número en el montón; pero eso sí... voy a disfrutar cada segundo. No hay nada que desee más que oír tu último y desesperado jadeo. Ver tu alma abandonar tu cuerpo despavorida. Eso sí es todo un logro.
El joven, aún asustado, miró hacia ambos lados en busca de escapatorias. Todo lo que parecía ver eran árboles, retorcidos y viejos, iluminados por la desfavorable luz del a luna. Aquel despreciable ser rió roncamente y escupió en dirección a los arbustos. -Debo admitirlo, tu hermana fue toda una delicia.
Ahora sí. Éste era su punto límite. Podía soportar la persecución, podía soportar las torturas, podía soportar la muerte inclusive, pero no iba a dejar que mancharan la memoria de su hermana. Un atisbo de valentía parecía brotar dentro suyo, guiado por la ira contenida. Miró hacia los costados en busca de algún objeto que estuviera a su alcance. Una roca de tamaño medio era lo único que pudo hallar. La tomó con decisión y observó al monstruo, directo a los ojos. Esos mismos ojos rojos que horas atrás le eran desconocidos, ahora se habían transformado en la peor de sus pesadillas. Debido a la herida en su brazo derecho, tuvo que hacer lo que pudo para apuntar con su brazo izquierdo. No era tarea fácil. Aún así, sostuvo la piedra con fuerza. ¿Realmente iba a hacerlo? Dudó un segundo. Nunca había tenido una naturaleza violenta. Esto no era algo propio de sí mismo. Los marrones ojos de su hermana volvieron a hacer presencia en su mente.
{...} El ruido de una sierra eléctrica, estruendosa y atemorizante se escuchó en la entrada. Él se despertó medio mareado y miró a su derecha. Su hermana estaba llorando y señalaba en dirección al vestíbulo de la casa, aterrada -Tú escóndete debajo de la cama. Pase lo que pase, no salgas ¿Me oíste? No. Salgas.- ella asintió nerviosamente y se metió debajo. Él sabía que la pequeña iba a desobedecerlo, ¿Alguna vez le había hecho caso? Serena... deberías haberle hecho caso. James se había metido dentro del armario. El asesino había entrado a la habitación de ambos y caminaba sin ninguna prisa. Se acercó a donde se encontraba James. Al momento en el que aproximó la mano a la perilla que los separaba a ambos, la pequeña, asustada, corrió hacia la puerta de la habitación. El monstruo la tomó por los pies y la arrastró fuera del cuarto. Ella gritaba y lloraba desconsolada clavando sus uñas como podía en el suelo de madera. La colocó encima de la mesa de la cocina y dirigió su cuchillo a su garganta -¿Qué haremos hoy contigo, pequeña?- dijo divertido. James estaba inmóvil, no sabía que hacer.
-JAMES! CORRE, POR FAVOR, CORRE!- él abrió la puerta del armario y se paró en medio de la habitación, pensando que hacer. El despreciable carnicero no podía notar su presencia desde la cocina. -¿Así que tenemos compañía? Parece que hoy me gané el premio doble.- Rió, tan repugnantemente como siempre. Ató los pies y las manos de la niña dejándola inmóvil. El joven quería creer que todo era parte de una mala pesadilla. Lo deseaba más que nada; pero se sentía tan real.
-JAMES! CORRE, POR FAVOR, CORRE!- él abrió la puerta del armario y se paró en medio de la habitación, pensando que hacer. El despreciable carnicero no podía notar su presencia desde la cocina. -¿Así que tenemos compañía? Parece que hoy me gané el premio doble.- Rió, tan repugnantemente como siempre. Ató los pies y las manos de la niña dejándola inmóvil. El joven quería creer que todo era parte de una mala pesadilla. Lo deseaba más que nada; pero se sentía tan real.
-Oh... ya sé!- dijo al mismo tiempo que tomaba un bisturí de su estuche. -Podríamos empezar con esto...- y mientras lo decía, lo clavaba en la inocente carne de la pequeña. Ella lanzó un grito casi ahogado y así fue como James salió por la ventana y corrió a toda velocidad. Estaba en medio de un ataque de shock y no era del todo consciente de lo que hacia. -Parece que voy a tener que ocuparme de eso luego... {...}
Apretó la roca con más fuerza. La seguridad que no había tenido en sus veinticinco años de vida, se juntaban en este momento para darle el valor suficiente para cometer un acto tan horrible como ese. -Cuatro, cinco, seis, aún te puedo ver...- cantó mientras hacía rugir su sierra. James se paró e intentó lanzar la roca, pero no había contado con que el despreciable monstruo estaba mucho más cerca de lo que pensaba. Ese ser tomó su brazo en el aire y lo miró directo a los ojos -Muy... Muy mala opción. Siempre hay que estar tres pasos adelante de tu presa... y tú... tú estás mucho más atrás. - dijo riendo mientras hundía la sierra en el estomago de James, destrozando a su paso su cuerpo y dejando en el bosque un reguero de sangre que parecía sería imposible de borrar. El joven cayó inconsciente en el suelo y fue cuestión de segundos para que su corazón dejara de latir, cuando de repente...
{...} James se incorporó en su cama lo mejor que pudo, jadeando y temblando. Acercó su mano hacia su estomago y comprobó que todo estaba bien. Se llevó la mano derecha a la frente y vio que estaba empapado en sudor. Miró a la cama de al lado y allí estaba, durmiendo cual ángel, despreocupado y puro, su pequeña hermana. Todo había sido una pesadilla. Nada más que una horrible pesadilla.
Al menos eso fue lo que pensó antes de oír el estruendoso ruido de una sierra eléctrica haciéndose paso en la entrada; pero esta vez... Esta vez estaba preparado. {...}

... ¡¡¡¡NO!!!! ¡Es genial, maravilloso! no se me ocurren más abjetivos para esta entrada! Fuere precioso!
ResponderEliminarCada palabra, era una escena en mi mente. Escribes como los dioses.
Adoro tu entrada y tu pluma!
Besos :)
Hay por dios akjsfklasjdklasd agradezco muchísimo que lean las historias y que para colmo se tomen el tiempo de comentar. Me da demasiada ilusión, en serio♥
EliminarMe alegra muchísimo que te haya gustado, y tengo que pasarme por tu blog para chusmear!
Bueno, gracias de nuevo, besos para vos también!