{...}Miré fijamente el pomo de esta puerta gris que me conocía de memoria. Eché un vistazo al rededor y descubrí que no era la única en el pasaje. Un hombre, de unos treinta y tantos años caminaba dándome la espalda a un paso bastante apurado. Saqué las llaves de mi bolsillo y las acerqué a la puerta. No pude evitar mirar nuevamente a mi al rededor, ahora sí estaba sola.
-Vámonos.- Me propuso la caprichosa e indecente que habitaba mi mente.
Contradiciendola en silencio introduje las llaves en la cerradura. Las miré fijamente y quise forzarme a mi misma a abrir la puerta, pero se me hacía imposible. No quería entrar, no quería ser parte de ese mundo, no había ningún 'hogar' para mi allí dentro. El sol de media mañana brillaba sobre mi, pero eso no hacía más que deprimirme.
Di un paso hacia atrás, saqué las llaves y miré hacia los lados. A mi derecha, la gente se paseaba por doquier con sus bolsas de compra, llenas de frustraciones, miedos, problemas y tristeza. Hacia el otro lado una calle vacía parecía estar incitándome a que me acercara.
-Rápido, tienes que irte rápido.- propuso nuevamente. Bajé la cabeza, subí el volumen de mis auriculares y me perdí en mis pensamientos a medida que me alejaba de la puerta. No tenía fuerzas para soportarme ni a mis misma.
Unas casas más adelante la puerta se abrió estruendosamente y un chico un poco más grande que yo con su hermana pequeña salieron a la vereda. Él tomó su mano y le explicó como debía cruzar la calle pero ella parecía no prestarle demasiada atención.Yo había dejado de caminar y los miraba perpleja. No era extraño ver situaciones así en el pasaje pero al tenerlos frente a mi desencadenaron una lista de pensamientos que parecían interminables. Él le pidió que prometiera hacer caso y ella asintió con la cabeza. Eso fue suficiente para que él comenzara a caminar tranquilo. Allí fue cuando recordé la promesa.
-'Te prometo que no lo volveré a hacer, no más. No rompería una promesa contigo y lo sabes.'- Las palabras retumbaban en mi mente. ¿Cómo había podido dejarme engañar por mi propia mente tan rápido? ¿Cómo era posible que después de todos estos años siguiera cayendo ante la más mínima tentación?
Era débil, y estaba consciente de ello, pero ya no lo soportaba.
-Al diablo tú y todas tus ideas.- me maldije a mi misma y subí el volumen más fuerte aún intentando no escuchar nada más que a Chopin. Me di media vuelta en seco y retomé mi camino hacia la puerta. Esta vez introduje las llaves sin dudar. No podía permitirme hacerlo. El silencio que recorría la casa fue la única cosa que me hizo sentir un poco mejor en el momento y me dirigí a la cama para intentar olvidar todo.
Al menos debía intentarlo.
{...}

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